A ponte não é de concreto, não é de ferro Não é de cimento A ponte é até onde vai o meu pensamento A ponte não é para ir nem pra voltar A ponte é somente pra atravessar Caminhar sobre as águas desse momento
Estar en el suelo, sobre esta arena, en medio de la brisa y con la cabeza vacía; o andar y verlo todo, o hacer cosas, hacer casas de piedra para la gente, darles coches, luz, todo lo que todo el mundo pueda tener, para que ellos puedan no hacer nada también y permanecer en la arena, al sol, y tener la cabeza vacía, y hacer el amor a las mujeres.
Nuestro silencio y el silencio del mundo, tan musicales, ah, tan musicales, en sus primeras zonas. Porque en cuanto descendemos más nos sorprende el grito de la vida. La vida grita, hermanos, en lo profundo del mundo y de nosotros mismos. La vida herida grita y es inútil nuestro intento de eludir el grito en el adorable y reposante refugio de nuestra soledad o de nuestra comunión con las criaturas secretas del mundo.
Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él. En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. Milan Kundera - La Lentitud
Una cosa se me hizo clara: que la objetividad, la representación de los objetos no tenían ningún sentido en mis cuadros y que, en realidad, era perjudicial para ellos.
El viento, niño fúnebre que juega con las últimas ilusiones del cielo hasta darle una aguda limpieza de extraña agua final. El viento, muchachos, el viento infinito
Todo estaba innovando cuando aparecimos. No fue difícil, entonces, averiguar que nuestra misión era no retroceder por el camino hollado, jamás evitar un reto, que nuestra actividad, como la de las hormigas, llegara a minar cada uno de los cimientos de esta sociedad, hasta los cimientos que recién excavan los que hablan de construir una sociedad nueva sobre las ruinas que nosotros dejamos.
También la vida puede ser telaraña. Espacio mítico, hombre también crea espacios míticos. ¿Por qué no araña? Ciudades por ejemplo. Al principio sueño de hombre, lugar donde poner fuera los dioses y demonios, pero después ciudad física atrapa, hombre queda como insecto en telaraña.
Imagínese a un hombre en llamas. Está ardiendo. Entra a su habitación y usted extingue el fuego. Después llega otro hombre en llamas. Usted apaga de nuevo el fuego y continúa en lo suyo. Entonces llegan dos, tres, cuatro, cinco, diez. Usted extingue el fuego de todos y luego los envía al hospital. Ahora imagínese que nadie se toma la molestia de averiguar por qué los hombres se incendiaron. Esa es la historia del Hip-Hop.
Los perros viven a nuestro alrededor como cortesanos alrededor de un monarca, dedicándose a hacerse notar y enriquecidos con sinecuras. Obtener nuestros favores de caricias quizás sea el negocio de su vida en este mundo, si bien sus alegrías residen en otras cosas.
El ocio sí que lleva tiempo. No se puede obtener así como así, de un momento a otro, por ausencia de quehacer. Por ahora tiendo a llenar todos los huecos, a ocupar todas las horas libres con alguna actividad estúpida e inconducente porque, casi sin darme cuenta, yo también, como esa gente que siempre he despreciado, me he ido creando un fuerte temor a mi mismidad, a estar a solas sin ocupación, a los fantasmas que desde el sótano empujan siempre la puertatampra buscando asomarse y darme un susto.